miércoles, 15 de junio de 2011

Leonardo y el Titán

"Tic Tac Toe!"

Gritó el titan, quería entrar, pero Leonardo ya conocía el precio:

"¡Fuera de aquí gigante!" Le gritaba, "¡Ya no eres bienvenido!" Le decía.

"Tic Tac Toe!" y el gigante trataba de entrar y Leonardo no podía seguir resistiendo,
finalmente abrió la puerta y ahí entró el gran titán, un ser antiguo, poderoso, más antiguo que la palabra que solía existir para nombrarlo y que ahora está olvidada.

Leonardo se mantuvo impasible, sabía que esto pasaría algún día, no podía seguir evitando esa sombra que lo perseguía.

"¡Me rindo!" Gritó Leonardo, no podía seguir viviendo así.

Por un momento sintió que el Titán lo devoraría, y que su cuerpo desaparecía y poco a poco comenzó a ver realidad el gran miedo que sospechaba: Él no estaba vivo, "Leonardo" nunca había existido en realidad, y aquella sensación que tanto despreciaba que era el Titán mismo tampoco existía y nunca habían sido diferentes: Era la vida antes de la separación, lo que Leonardo temía era algo que sabía desde el principio, estaba viviendo una mentira, su propia mentira.

De pronto sintió un temblor, pero no podía correr, yacía en el suelo de su habitación mientras bichos chocaban la ventana y el suelo temblaba. Un zumbido fuerte comenzó a llenarlo y su cuerpo empezó a temblar de miedo, sabía lo que iba a pasar, dejaría de existir, pero Leonardo no tenía más energía para resistirse y entonces abrazó la presencia del Titán hasta disolverse en el olvido. Fue absorbido, hacia su propio interior, hacia el interior de su cuerpo, donde todo había empezado.

Entonces todo fue un gran vacío, un gran espacio cuya profundidad era insondable, no había nada que percibir salvo la percepción misma, era como si todos sus sentidos se hubieran apagado pero lo que había pasado no era como el lo imaginaba, como si quedara a oscuras en una habitación, en cambio se dio cuenta de que sus sentidos eran como puertas, hacia afuera percibían el mundo, la vida, la existencia, y hacia adentro percibían la no existencia.

Leonardo, o más bien, lo que era realmente, se encontraba más allá de la vida y la muerte, era como la eternidad inmanifestada, si es que uno pudiera limitar tal estado con alguna palabra.

De pronto, empezó a recuperar la percepción de sus sentidos, el oído fue el primero, escuchando el canto de los pájaros fuera de su ventana, después fue el tacto y poco a poco recupero la percepción de su cuerpo, su corazón latía como si nada y sus pulmones respiraban como siempre, aún mejor que siempre sintió. El olfato y el gusto le llegaron casi al mismo tiempo y finalmente la vista, estaba mirando el techo, no se había movido del suelo.
La luz del sol llegando por la ventana era mágica y Leonardo estaba conmovido, no había pasado nada, nada tangible en realidad, no había muerto.

"No hay muerte", sintió en su interior como un saber que guardaría ahora eternamente.

Se levantó, se sentía ligero y mucho más joven, sin embargo las arrugas en sus manos le decían lo contrario. Sin embargo, había algo en su interior, se acercó a la ventana y contemplo los árboles, el pasto, el sol cerca de las montañas y el azul del cielo mañanero.
La quietud intrínseca de todo lo que percibía era la vida misma, y era algo sagrado pensó, algo maravilloso. Cerró los ojos y de a poco todo desapareció, su nombre, su historia y luego todo lo demás. Volvió a esa dimensión eterna.

¿Cuánto tiempo pasó? Imposible de saber, pero cuando abrió los ojos el sol seguía casi en el mismo lugar. Estaba maravillado y sonriente.
Tomó su pluma y se dispuso a dibujar el maravilloso paisaje frente a él. Era el magnífico Valle de Arno al noreste de la Toscana, un 5 de Agosto de 1473. Al reverso del dibujo Leonardo escribió "Estoy Satisfecho".

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