sábado, 14 de noviembre de 2009

Martin Martinez

"Muchos piensan que están seguros allá adentro,
resguardados en sus paredes y en sus veinte metros de altura;
ellos que no tienen frio, ellos que no pasan hambre.

Muchos piensan que poco de esperanza hay en mi escritura
que por vivir en la calle soy más perro que hombre
y que me he desencantado de la vida,

Les digo, y les repito, no estoy aquí porque tenga miedo,
no estoy aquí porque sea un amargado
yo vivo como vivo, porque a diferencia de ustedes, en sus casas
yo no tengo miedo, aún vivo en la esperanza porque sé que he vivido.

Muchos piensan que están seguros allá adentro,
resguardados en sus paredes y en sus televisores;
ellos que no sienten la lluvia, ¿de qué se esconden?
¡Son ustedes los que se cuidan de la vida! ¡Son ustedes los que se cuidan de vivir!."

~Martin Martinez, Los Sueños de un Buen Nacido (Póstumo)



Martín Martinez era hijo de una pareja especialmente bromista. Cuando se trataba de mirar la vida, Carlos Martinez y Beatriz Saez lo hacían con humor, puede que esto se vea reflejado en el nombre de su primogénito, Martín Martinez, un juego de palabras que no pretende ni ser listo, ni ser ingenioso, tan sólo es así porque Beatriz lo consideraba tan tierno y chistoso que Carlos simplemente no pudo negarse, no después de ver que su esposa le entregaba el mejor regalo del mundo, su hijo.

Martín ciertamente era diferente, era reservado, y eso es mucho decir cuando se trata de un bebé de siete meses. No es que fuera flojo para hablar, o que no se riera con cada tontera que hacían frente a él, es que, cuando aprendió hablar a los seis meses, sorprendió a todos, desde los padres a los tíos, los abuelos y los amigos, todos ellos pensaron que sería el bebé más hablador de todos, otros iban más lejos, lo proyectaban cantante, artista de comedia, por último político. Cuando salía esa frase en las comidas las risas eran generales.

A pesar de su precoz relación con el lenguaje, el pequeño Martín ahorraba palabras como un hospital público ahorra en buen trato a los usuarios. Sus padres con frecuencia trataban de hacerlo hablar, de sacarle conversa, pero lo único que conseguían eran risas y en ocasiones llantos. De vez en cuando, en la noche mientras el bebé despertaba solía decir: "Papá... mamá...." lo decía una y otra vez, cuando sus padres lo iban a ver se hacia el dormido con una sonrisa en la boca. El jugaba con ellos, y a ellos les encantaba.

Pasado el tiempo tanto Papá como Mamá se terminó y las noches eran recitales de "Carlo" y "Beads", a veces incluso un "Martín" se azomaba por ahí.

A los ocho meses el pequeño, cuyo peso y estatura se encontraban por debajo de lo normal, aprendió a caminar, y la verdad es que no hubo como pararlo. Pasó cuando Carlos estaba viendo Colo-Colo contra Cobresal, jugaban en el norte, la localidad de El Salvador, el equipo popular necesitaba empatar mientras que el cuadro albinaranja necesitaba ganar por ventaja de un gol. Era segundo tiempo y Colo-Colo iba arriba un tanto. Cobresal no tenía esperanzas y Carlos sonreía. Fue mientras iba a buscar otra cerveza cuando vió a su hijo sentado dibujando y tirando un lápiz contra la pared, "no Martín, así no se tratan las cosas, anda a buscarlo", y bueno, Martín le hizo caso, se levantó casi sin dificultad y caminó elegantemente hasta una planta y sacó el lápiz del masetero, lo levantó en su mano derecha y se lo mostró a su papá sonriendo.

-¡BEA! ¡Ven inmediatamente!-
-¿que pasa? Estoy planchando-
-¡Bea apúrate! ¡rápido!
-¿Que pasa Carlos por qué tanto escandalo?-
-¡Bea, el niño!-
-¿Qué pasa con él? ¿le pasó algo? - la pobre Beatriz ya entraba en pánico.
-No, Bea, es que, ¡nuestro chanchito ya sabe caminar!
-¿qué?- Bea no entendía nada, Carlos tampoco.
-¡Mira!-

Martín la miró con el brazo aún levantado, llevo las manos al pecho y dio unos divertidos pasitos hasta quedar frente a ella:

-Beads.. brazos.. ¡upa!- Su sonrisa era magnífica, sin duda el pequeño estaba lleno de sorpresas.

Así fue pasando la niñez de Martín, al parecer no necesitaba mucha ayuda para aprender. Ciertamente mientras llegaba ya a eso de los cinco años no había mostrado mucha aptitud para el deporte -su padre lo llevaba constantemente a jugar a la pelota- ni tampoco era muy bueno para ver televisión que era la actividad de Carlos por excelencia.

Tanto Beatriz como Carlos, aunque muy felices con su hijo, se sentían algo distantes, dado que aunque no se lo confesaban el uno al otro, que de alguna manera sentían que no habían estado "presentes" en el crecimiento de su hijo. Sí, pasaban con él todo el día, lo cuidaban día y noche, pero era cuando no se daban cuenta que él les mostraba algo completamente nuevo, algo que ellos no podían entender como había aprendido, como cuando a los cuatro años empezó a leer los avisos del supermercado mientras acompañaba a Bea, ¡ni siquiera sabía el abecedario!

Para Carlos, Martín era alguien especial, "y no lo digo porque sea nuestro hijo Bea, si conociera un niño como él en otras circunstancias, no podría evitar sentirme sorprendido, incluso algo celoso" era algo que repetía con frecuencia antes de dormir o de hacer el amor.

Beatriz lo tomaba de otra forma, es cierto que a veces sentía que ella no le enseñaba mucho, pero de tanto pensarlo decidió que tal vez su papel como madre no era enseñarle, sino más bien ponerle retos. Así ella solía esconderle cosas a su hijo, le hacía resolver acertijos y le compraba todo tipo de juegos de ingenio cuando pasaba por alguna feria. Era su forma de jugar con él, le recordaba cuando era tan sólo un niño y ella le escondía la mamadera en entre los peluches para ver si lo encontraba. Él era su hijo, y ella le ponía retos, eso la hacía feliz aunque de vez en cuando también suspiraba, porque de algún modo sentía que no sería "su" hijo, por mucho tiempo.

Es cierto que los padres saben que tarde o temprano sus hijos los dejarán, es la ley de la vida, pero algo había en Martín que hacía que sus padres se inquietaran más de la cuenta, no sólo porque era tan listo, era además tan menudito, más pequeño que los demás niños. No se enfermaba a menudo, pero su contextura preocupaba a sus padres, o más bien, los comentarios de sus amigos y de los tíos, "que flacuchento salió el niño" o "¿ no lo han llevado a la nutricionista?" eran comentarios molestamente frecuentes. Así mismo, las visitas al médico lo eran también.

-Insisto señora Beatriz, su hijo está bien-
-Pero esta tan flaquito...-
-Digame, ¿ha bajado del mínimo de peso alguna vez?
-No doctora, ninguna pero siempre se ha mantenido sólo un poco más arriba.
-Mire Beatriz, no todas las personas son iguales, todos tenemos contexturas y metabolismos diferentes, Martín es tan sólo un poco más chico y más delgado, pero no tiene ningún problema.
-¿Pero no cree que pueda traerle complicaciones en el futuro?-
-Mire, su hijo ha mantenido una salud excepcional durante todos sus controles ¿cierto?-
-Sí pero...-
-Créame que eso es lo importante. Hay niños que son más altos y más gorditos que Martín y pasan enfermos, otros son tan flacos como él y también hay algunos con complicaciones y otros no. Mientras su hijo se mantenga sano no tienen de que preocuparse.
-Entonces ¿usted cree que va a estar bien? Es que mi suegra me sigue diciendo "que el niño está flaco" que aquí que allá que ocho cuartos...-
-¡Ah Beatriz! No se preocupe por lo que digan los demás, usted ES la mamá, nadie más, usted sabe si su hijo está bien o está mal. Además ¿sabe qué? Su hijo además es el niño más inteligente que he visto, y no se lo digo para animarla, en verdad lo es, hoy estuvo leyendo todas las palabras con letras grandes que encontraba en el consultorio, usted tiene un niño sano, lindo y muy inteligente.
-Gracias doctora Pilar, me hace sentir mucho mejor- Beatriz estaba realmente agradecida, abrazó a la doctora y el pequeño Martín les abrazó las piernas, ambas rieron.
-Ya, de nada, oye Beatriz, desde ahora quiero que me digas Mónica ¿ok? Además, mi hija tiene la misma edad que tu guagua tal vez sean compañeros el próximo año, aunque viendo lo clever que es este niñito tal vez no sea así.
-Bueno Mónica, muchas gracias, nos vemos, Adiós -
-Chao Doctora Mónica, que esté bien- Decía Martín mientras miraba hacia atrás.

Algunos meses luego de esa visita al médico el pequeño probó suerte por primera vez en un salón de Kinder. Las tías bastante jóvenes quedaron fascinadas con el niño que se desenvolvía mejor con adultos que con otros niños por cosa de costumbre. La educación y el desarrollo de Martín transcurría de manera normal en la sala del Kinder y aunque solía sorprender tanto a sus tías como a los compañeros no tanto con su inteligencia -que parece ocultaba apropósito- como con acciones bastante arriesgadas, lo que le costó a Bea y a Carlos un par de conversaciones con la directora del establecimiento y a Martín un par de castigos.

Cuando llevaba unos tres meses en kinder Beatriz fue llevada al hospital, estaba embarazada y tuvo dos bellos mellizos, Jaime y Andrea. Desde ahora en adelante Martín tendría que aprender a compartir sus cosas, su espacio, sus padres, en resumen, su mundo. Puede que este haya sido el comienzo de la rebeldía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario